Everything speaks to them of themselves, (2018-2019)

Utilizando el caminar como una práctica estética, me apropio de la figura del flâneur, el caminante/vagabundo sin rumbo que va a la deriva por la ciudad para experimentarla desde fuera de la lógica del consumo interpretándola como texto y embudo de símbolos.

Camino, como un “detective benjamínico”, es decir como un observador activo y crítico que va en busca de las pistas del crimen; crimen que finalmente se descubre es la misma ciudad mostrada como un páramo territorial bajo las fuerzas abstractas e impersonales del capitalismo tardío.

Mi forma de trabajar consiste principalmente en caminar explorando la ciudad bajo la fuerza del azar utilizando formas situacionistas ludo-constructivas (navegar con mapa de otro país, detenerme en las estaciones de metro cuyo nombre resuena en mí para bajar o simplemente construyendo una historia a medida que voy avanzando. Registro estos paseos utilizando un cuaderno de campo en donde súperpongo el material encontrado, fotografías, anotaciones personales, citas, deshechos (fotos de carné, cuadernos escolares, cartas de amor, faxes/emailes de oficina, etc.) y anuncios (mensajes subliminales, del consumo, la venta de prostitución, etc.) y reinterpreto todo el material como objetos arqueológicos que hablan de lo oculto y lo que es dejado de lado como gesto sintomático de las ciudades del siglo XXI.

La mirada del voyeur, del mirón hiper sensible que lee la ciudad de día y de noche en el tono de la sospecha del encuentro ya sea con un territorio o con el Otro.  Miradas que forman y hacen una patología no sólo del estado de las personas que habitan la ciudad, sino de la propia ciudad como la protagonista y como el campo de batalla  de los cambios sociales. Como dirían los surrealistas: "hacer una crítica de lo cotidiano penetrando en el subconsciente de la ciudad”.